Tus rizos, cual el viento entre las ramas,
bailan libres al sol de la montaña,
y en ellos nace el canto de quien ama,
un eco de dulzura que no engaña.
Tus ojos guardan cielos infinitos,
paisajes donde el alma se detiene;
en cada risa, flores sin escritos,
y en cada paso, el mundo se sostiene.
Que el bosque abrace siempre tu sonrisa,
que halles paz en cada atardecer,
pues eres luz, eres vida precisa.
Si el tiempo alguna vez te ha de vencer,
que quede en mí tu imagen tan precisa,
eterno encanto que quiero aprender
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