jueves, 5 de julio de 2018
VICENTE HERNÁNDEZ HA MUERTO 22/2/1948-5/7/2018
Conocí a Vicente en la asociación ASDASS de Alcobendas. Me pareció una persona con una estética muy particular: zapatos demodés, camiseta de invierno que se dejaba traslucir bajo la camisa, pelos en la nariz ...
Teníamos un amigo en común, Guillermo, "El Barbas" con el que aprendí a mejorar mis Sevillanas y fue la persona que me introdujo en esa asociación de gente separada.
Nos fuimos conociendo y rápidamente descubrí que Vicente era un persona atípica por su radicalismo y también por su inteligencia.
Y esas dos cualidades de la gente, a mi me fascinan.
Teníamos los dos una situación parecida: separados, problemas con alguno de nuestros hijos; él solo tenía uno, a ninguno de los dos nos gustaba pasar mucho tiempo en casa, los dos habíamos sido y éramos unos viajeros empedernidos, ambos éramos personas con alto grado de sociabilidad. En resumen, que la convivencia entre nosotros era fácil.
Y pronto, muy pronto, teníamos una vida en común, no se malentienda, en la que pasábamos muchas horas juntos. Paseábamos, íbamos al cine y a exposiciones, comíamos o cenábamos en algunos bares o terrazas, pasábamos a menudo ratos en nuestros respectivos domicilios, en fin, creo que ambos nos sentíamos a gusto el uno con el otro y hacíamos de la necesidad, virtud
Tanto él como yo éramos personas que nos habíamos forjado a base de nuestro propio esfuerzo, tesón y disciplina.
Él, de familia humilde, encontró la luz fuera del túnel el día que ganó una beca para la Universidad Laboral de Sevilla. Allí se formó, y al igual que en los seminarios, aquellas universidades franquistas consiguieron dar una formación que hoy en día es imposible conseguir en España.
Se ganó una plaza en la Telefónica y se afilio al Partido Comunista de los Trabajadores de España de tendencia marxista leninista.
El trabajo le permitió conocer muy bien España, porque sus traslados fueron muy numerosos y su afiliación le convirtió en alguien muy pro soviético y pro cubano, que le marcaría a lo largo de su vida, yendo multitud de veces a ambos países y a China y a Corea del Norte, yo creo que pagándoselo de su bolsillo, pero esto no lo puedo confirmar. Lo cierto es que él sentía una simpatía por eses regímenes a los que defendía con uñas y dientes y su visión del mundo pasaba por esos tamices. Ateo, lucha de clases, culto por lo científico, asociacionismo, estrategias de lucha etc. etc.
Yo por supuesto, de pensamiento liberal, no comulgaba para nada con esas ideas y las confrontábamos muy acaloradamente a lo largo de nuestros paseos.
Pero el respeto hacia la persona era una constante.
Eran, según él, catorce personas en toda la zona norte de Madrid, que se reunían una vez al mes y ponían un puesto en el rastro de Madrid, para captar adeptos, vender propaganda y hacer proselitismo. Y se presentaban a todas las elecciones, sacando el mismo número de votos que miembros eran. ¡Dinosaurios en estado puro!
Urania en Berlín era un blog que me hizo leer a menudo, a pesar de mis resistencias.
Yo tenía pareja y él había vivido unos años en Soria con la suya, pero no cuajó y se volvió a San Sebastián de los Reyes.
Sin embargo, conservó la amistad con Aurora y cada cierto tiempo hacían viajes juntos e iban al Teatro Real a ver alguna ópera. También con una china, muy acomodada y amiga, cenaba en los mejores restaurantes
Es hora de deciros que Vicente era uno de los mejores "Bon vivant" que he conocido. No reparaba en gastos en sus viajes, restaurantes, mariscos, espectáculos, vinos y chocolates, cien por cien de cacao, que le enviaban de Pamplona a precio de oro, o sus proscenios en la ópera y sus langostinos de San Lúcar de Barrameda en la Astorgana, por no hablar del modelo de coche más full que hubiera en el mercado.
Comunista y burgués, una antinomia que llevaba bien, aunque la gente se lo criticara.
Él decía que "el universo se acaba el día que tú fallezcas"
Pero volvamos a su cultura y formación.
He visto a poca gente que dominara tan bien la dialéctica. A pesar de su ideas trogloditas, defendía con silogismos inteligentes lo que él creía, y no había un problema matemático, un dato económico, un tratado firmado, un tipo de artilugio civil o militar, un oleoducto y su estrategia económica, una sociedad por rara que fuera, un personaje, una pieza musical, un avance en la mecánica del automóvil etc. que se le resistiera.
Su memoria era prodigiosa y el número de chistes que se sabía y contaba, iban en paralelo.
Y si, a su locuacidad, unimos un sentido del humor fantástico, eso sí, siempre ácido y con cierto grado de crueldad, pues el personaje resultaba para mí de lo más interesante.
Su mayor defecto es que era arrítmico. Y que sus paellas eran insoportables por el garrofón Mercadona que echaba.
Tenía la teoría de que los hombres que saben bailar, ligaban más que él y eso le hizo recurrir a varias clases particulares en academias varias, pero hasta en los últimos días de su vida lo he visto sumamente patán en estos menesteres.
Y sus intentos frustrados de encontrar pareja, no creo que estuvieran relacionados con
su poca maestría en el dominio del tango o de la salsa.
Y algo tuvo que ver esto en nuestro distanciamiento en el último año. Ahora no viene a cuento y ya lo relataré si es que procede, pero es de dominio público
Yo le hablaba a menudo de que la soledad no es buena compañera y que hiciera como yo, metiera en casa una interna para que, si nos sacudía un jamacuco, estuviéramos acompañados y por ende amparados.
Pero el destino es tan cruel e incierto que mira por cuanto, él estaba en compañía de Aurora cuando le sobrevino ese infarto cerebral y a pesar de la rapidez de su traslado al hospital de la Princesa, nada se ha podido hacer.
Descanse en paz un hombre tan batallador.Nuestras peleas y disputas son pelillos a la mar.
domingo, 8 de abril de 2018
aburridos como vacas
Aburrirse es el gran temor de nuestros días. Me atrevería a decir que el miedo a aburrirse es incluso una de las grandes características de este siglo. Decir públicamente que se ha dedicado el día a “no hacer nada” es casi como reconocer un fracaso, un vacío existencial. Por eso, todo el tiempo y en todas partes, hay tantas personas que sienten que no pueden vivir ni un segundo si no están “conectados”. Frecuentan las redes sociales de forma casi compulsiva y pasan de una actividad a otra, con su smartphone en mano, gritando a los cuatro vientos que están “des-bor-da-dos”. En el momento en el que escribo esta carta, estoy viajando en un tren AVE, rodeado de directivos de aspecto serio que teclean en su ordenador informes supuestamente de la más alta importancia. Los que vamos en este vagón podríamos entablar una conversación, hablar del tiempo que hace o de cualquier otra cosa. Pero no. El teclado no espera. Hay que producir tablas de cifras, presentaciones, informes detallados… no importa el qué, antes que parecer ociosos. Si levantamos la vista un momento del ordenador es con las cejas fruncidas. Es prácticamente imposible hacer ni un simple comentario de cortesía, pues todo el mundo lleva sus auriculares puestos y cuando les hablan se los quitan con gesto de evidente desagrado, dejando claro que les has obligado a perder su tiempo y a salir de su mundo. Me dirá que no soy distinto a los demás, pues yo mismo también estoy en este tren con mi ordenador delante, escribiendo esto que ahora usted está leyendo. Y es cierto, estoy escribiendo en lugar de soñar despierto admirando los magníficos paisajes que hay al otro lado de la ventana o contemplando las vacas que pastan tranquilamente.No nos resignamos al aburrimiento.Y muchas veces he oído a mis alumnos quejarse continuamente ¿Qué aburrimiento? sin darse cuenta de que el aburrimiento también es un gran maestro. Exigente, es cierto, ¡pero qué buen profesor! Nos enseña un arte muy particular y olvidado en nuestra sociedad moderna: el de la paciencia. Y en cuestión de salud, no se trata de una palabra vana. ¿Un tiempo largo no es lo que reclama un cuerpo enfermo para curarse? Por eso no hay que huir del aburrimiento a toda costa. Al contrario, démosle la bienvenida cuando se presente en nuestra puerta. ¿Que se queda a cenar? ¡Muy bien! Que pase la noche en casa y que por la mañana le abramos la puerta con una sonrisa en los labios, deseándole un buen viaje. En estos días, a empresarios en serie, a hombres y mujeres que están siempre en movimiento y saltan de un proyecto a otro sin jamás sentir la tierra bajo sus pies, les sugerimos una buena cura de aburrimiento o de contemplación. ¡Así que dicho está! Seamos, aunque sólo sea de vez en cuando, como las vacas que miran pasar los trenes.
domingo, 10 de diciembre de 2017
Isabel Guerra, pintora
Cuando vi por primera vez a esta mujer pizpireta, avispada e inquieta que es Isabel Guerra, me dijo: "Déjeme tranquila que hoy estoy muy nerviosa".
Iba camino de su exposición y en un rincón de la calle intentaba cambiarse un hábito por otro.
Ya dentro de la exposición estuvo, acosada por sus admiradores, hablando más de una hora y descubrí que más interesante que su obra es ella misma.
Nos dijo que empezó a pintar desde muy niña y que había días que echaba 12-14 horas con sus pinceles, amen de hacer todas sus tareas que le imponía la clausura. Y qué berrinches cuando algo no le salía como ella quería. Pero pintar es como andar en bicicleta y una vez que se interiorizan las mezclas y las técnicas, ya haces todo sin pensar.
Le gusta lo común y lo mortal. Las cosas sencillas, las miradas cálidas, los adolescentes ingenuos y la luz, sobretodo, la luz. ¡Qué sería de la pintura si no existiera el blanco!.
No es partidaria de pintar motivos religiosos si no se lo piden con insistencia, ruegos que ya le han hecho desde varias jerarquías, porque no le gusta el dios rey ni la iglesia jerarquizada ni las representaciones deslumbrantes. Prefiere el intimismo de las cosas pequeñas y una iglesia pobre y solidaria como lo fue Cristo.
Nos indicó que El Greco, pintor que no sabia dibujar, que no sabia iluminar a los personajes y que pintaba formas desproporcionadas en sus cuadros, ha sido el pintor que más ha sabido expresar la fe y la liturgia religiosa por su fuerza arrolladora de llegar a los corazones de la gente que ve sus cuadros.
Velázquez es el rey de la técnica y de la perfección plástica y su modelo a imitar.
Después de echar esas 12 o 14 horas pintando cada día, le tocaba oler a trementina y a aceites para lavar sus pinceles y agujerearse el dorso de sus manos con el esfuerzo y aún así nunca quedaban limpios. Por ello muy pronto les sustituyo por la espátula, con la que pinta siempre todos sus cuadros.
El acero se limpia de inmediato en un trapo y se evitan los colores sucios y adulterados que tanto perjudican a la pintura.
Seguidora del papa Francisco, esta mujer es de una profundidad considerable y sus juicios, además de jocosos y frescos, son de una elevación que impresionan. Se azara mucho con las menudencias impropias de la gente pesada en reiteraciones que no vienen a cuento y sufre mucho con su fama.
Es tan exquisita y refinada en su dialéctica y en su espátula, que ruego a Dios la conserve muchos años de vida para que pueda seguir dándonos tesoros de la pintura.
Sus exposiciones son compradas en horas.¡Cuánto trabajo e innovación hay detrás!
Y por favor, que la lleven a dar conferencias...
martes, 10 de octubre de 2017
apuntes sobre la felicidad
La mayoría de nosotros pensamos que aquellos que obtienen lo que quieren en la vida son felices; y de esta creencia concluimos que las personas con poder o dinero deben estar viviendo una buena vida.
Sin embargo, si miramos con más detenimiento, podemos ver que a menudo las personas más ricas pueden estar perdidas, amargadas e insatisfechas. Esto es un indicativo de lo superficial que es nuestra perspectiva de la felicidad. Sólo porque una persona tenga muchas cosas físicas no significa que la mayoría de nosotros pensamos que aquellos que obtienen lo que quieren en la vida son felices; y de esta creencia concluimos que las personas con poder o dinero deben estar viviendo una buena vida.
Sin embargo...A pesar de que el dinero puede comprarnos una casa, es el amor que comparte una familia lo que convierte esa casa en un hogar. Es compartir nuestro tiempo y nuestros cuidados, no nuestro dinero, lo que crea amistades duraderas en vez de superficiales. ¿Por qué es así? Porque cuando compartimos y ponemos nuestra energía en algo nos comportamos como la Luz y de esa forma podemos conectarnos con la Luz. No hay marcas de diseñadores que puedan despertar nuestra valía personal; sólo podemos alcanzarla estando ahí para otra persona.
Empieza a cambiar tu deseo por las cosas de naturaleza física en un deseo por cosas de naturaleza espiritual.Alguien decía que "el bienestar alegra los sentidos, pero la felicidad alegra el corazón".
El mundo físico siempre nos proporcionará satisfacción a corto plazo, pero es actuar más como el Creador lo que nos lleva a encontrar la felicidad duradera que realmente deseamos
jueves, 5 de octubre de 2017
*Sentido común*
Hoy lloramos la muerte de un querido amigo, " *Sentido Común*", que ha estado entre nosotros durante muchos años.
Nadie sabe a ciencia cierta cuántos años tenía, puesto que los datos sobre su nacimiento hace mucho que se han perdido en los vericuetos de la burocracia.
Será recordado por haber sabido cultivar lecciones tan valiosas como que hay que trabajar para poder tener un techo propio sobre la cabeza; que se necesita leer todos los días un poco; saber por qué los pájaros que madrugan consiguen lombrices, y también por reconocer la validez de frases tales como " *la vida no siempre es justa*" y " *tal vez haya sido yo el culpable*".
*Sentido Común* vivió bajo simples y eficaces consignas ( *no gastes más de lo que ganas!*), y estrategias parentales confiables ( *los adultos están al cargo, no los niños!*).
Su salud comenzó a deteriorarse rápidamente cuando se aplicaron reglas bien intencionadas, pero...ineficaces:
- informes respecto a un niño de seis años acusado de abuso sexual por haber dado un beso a una compañera de clase;
- adolescentes que debieron irse a otro colegio por haber denunciado a un compañero distribuidor de droga, y
- una maestra despedida por reprender a un alumno indisciplinado, sólo hicieron que empeorara su condición.
*Sentido Común* perdió terreno cuando los padres atacaron a los maestros, sólo por hacer el trabajo en el que ellos fracasaron:
- disciplinar a sus ingobernables hijos.
Declinó aún más cuando las escuelas debieron requerir un permiso de los padres para:
- administrar una aspirina,
- poner protector solar, o
- colocar una tirita a un alumno.
Aunque eso sí, no podían informar a los padres si una alumna estaba embarazada y quería abortar.
*Sentido Común* perdió el deseo de vivir cuando los *Diez Mandamientos* se convirtieron en material para reir, algunas iglesias en negocios, y los criminales empezaron a recibir mejor trato que sus víctimas.
Para *Sentido Común* fue un duro golpe que uno ya no pueda defenderse de un ladrón en su propia casa, pero que el ladrón pueda demandarnos por agresión; y que si un policía mata a un ladrón, incluso si éste estaba armado, sea inmediatamente investigado por exceso de defensa, cuando no acusado de gatillo fácil
Y cuando la Generalitat cometió la mas grave deslealtad al saltarse todas las normas escritas y en vigor.Y los mossos poniéndose de parte de los infractores.
Y así, muchísimos casos más de nuestra vida terrenal.
La muerte de *Sentido Común* fue precedida por la de sus padres:
*Verdad* y *Confianza*;
la de su esposa:
*Discreción*;
la de su hija: *Responsabilidad*,
y la de su hijo:
*Raciocinio*.
Le sobreviven sus tres hermanastros:
" *Conozco Mis Derechos*",
" *Otro Tiene la Culpa*", y
" *Soy Una Víctima de la Sociedad*".
No hubo mucha gente en su funeral porque muy pocos se enteraron de su marcha...
*HA FALLECIDO EL SENTIDO COMÚN*...
Hoy lloramos la muerte de un querido amigo, " *Sentido Común*", que ha estado entre nosotros durante muchos años.
Nadie sabe a ciencia cierta cuántos años tenía, puesto que los datos sobre su nacimiento hace mucho que se han perdido en los vericuetos de la burocracia.
Será recordado por haber sabido cultivar lecciones tan valiosas como que hay que trabajar para poder tener un techo propio sobre la cabeza; que se necesita leer todos los días un poco; saber por qué los pájaros que madrugan consiguen lombrices, y también por reconocer la validez de frases tales como " *la vida no siempre es justa*" y " *tal vez haya sido yo el culpable*".
*Sentido Común* vivió bajo simples y eficaces consignas ( *no gastes más de lo que ganas!*), y estrategias parentales confiables ( *los adultos están al cargo, no los niños!*).
Su salud comenzó a deteriorarse rápidamente cuando se aplicaron reglas bien intencionadas, pero...ineficaces:
- informes respecto a un niño de seis años acusado de abuso sexual por haber dado un beso a una compañera de clase;
- adolescentes que debieron irse a otro colegio por haber denunciado a un compañero distribuidor de droga, y
- una maestra despedida por reprender a un alumno indisciplinado, sólo hicieron que empeorara su condición.
*Sentido Común* perdió terreno cuando los padres atacaron a los maestros, sólo por hacer el trabajo en el que ellos fracasaron:
- disciplinar a sus ingobernables hijos.
Declinó aún más cuando las escuelas debieron requerir un permiso de los padres para:
- administrar una aspirina,
- poner protector solar, o
- colocar una tirita a un alumno.
Aunque eso sí, no podían informar a los padres si una alumna estaba embarazada y quería abortar.
*Sentido Común* perdió el deseo de vivir cuando los *Diez Mandamientos* se convirtieron en material para reir, algunas iglesias en negocios, y los criminales empezaron a recibir mejor trato que sus víctimas.
Para *Sentido Común*,fue un duro golpe que la Generalitat cometió la mas grave deslealtad al saltarse todas las normas escritas y en vigor.Y los mossos poniéndose de parte de los infractores.
Y que uno ya no pueda defenderse de un ladrón en su propia casa, pero que el ladrón pueda demandarnos por agresión; y que si un policía mata a un ladrón, incluso si éste estaba armado, sea inmediatamente investigado por exceso de defensa, cuando no acusado de gatillo fácil
Y así, muchísimos casos más de nuestra vida terrenal.
La muerte de *Sentido Común* fue precedida por la de sus padres:
*Verdad* y *Confianza*;
la de su esposa:
*Discreción*;
la de su hija: *Responsabilidad*,
y la de su hijo:
*Raciocinio*.
Le sobreviven sus tres hermanastros:
" *Conozco Mis Derechos*",
" *Otro Tiene la Culpa*", y
" *Soy Una Víctima de la Sociedad*".
No hubo mucha gente en su funeral porque muy pocos se enteraron de su marcha...
jueves, 28 de septiembre de 2017
MINUTOS DE SILENCIO
Ante los atentados de los fanáticos siguen los minutitos de silencio y demás rituales absurdos e inservibles propios del borregomatrix.
Todo completamente inservible e ineficaz Se olvidará pronto todo y hasta la próxima. Entonces volverán los minutitos de silencio, las velitas, las oraciones etc. Se olvidará también hasta la próxima vez. Y volverán los minutitos de silencio, las oraciones....Y así por los siglos de los siglos, amén
Visita a New York
Me resistía ir a New York, porque allí no hay piedra vieja, pero no me cabía ninguna duda de que millones de hombres y mujeres de todos los rincones del planeta, sin importar edad ni condición, origen ni procedencia, al escuchar los primeros compases de este himno universal, melodía intemporal patrimonio de varias generaciones, nos lanzamos sin pudor a un karaoke exclusivo o compartido, para hacerle los coros a Frank Sinatra, mientras imaginamos el cinematográfico skyline de New York, aunque nunca hayamos puesto un pie en la ciudad de los rascacielos.
¡Qué no se habrá dicho, escrito, cantado, filmado, fotografiado acerca/a/sobre/de New York! Ser original: misión imposible. Pero no resisto la tentación, a través de unas brevísimas pinceladas, de aportar un minigrano de arena como homenaje a esta urbe única que conoce como pocas el brillo envanecido que proporciona la fama y la celebridad universales, pero también el sufrimiento colectivo y la solidaridad planetaria.
Pero esto no es una guía turística; nada más lejos. En mi ánimo alberga el objetivo en exclusiva de compartir con quien se acerque a esta página, una reflexión personal, un rompecabezas de emociones urbanas, de percepciones sensitivas y retazos de continuas sorpresas que han dejado profunda huella en mi alma de viajero.
New York es la capital del mundo, la ciudad que nunca se acaba, la comunidad que jamás duerme, la urbe donde nadie es extranjero, la Babel moderna donde se hablan todas las lenguas, la METRÓPOLIS con mayúsculas....
Aterrizamos en Newark liberty aeropuerto un 9 Noviembre camino del Hotel Herald Square en calle 31 entra la 5ª y la 6ª Avenida, tras una primera imagen de los barrios periféricos inacabables desde el avión y hacer una pasada clamorosa por los márgenes del East River, viendo el skailand de todo Manhattam en una muy fría tarde y en esos minutos mágicos en los que parecen reinar la crisis y el silencio contenido y las siluetas de las torres neoyorquinas adquieren un aura potente, a través de su reflejo en los ríos, un escenario más urbano, colorista y escarpado que nunca., me transportó a las más emblemáticas producciones hollywoodienses, entre las bambalinas patrióticas que se derivan de la exaltación americana previa a las celebraciones de su fiesta nacional. Primera conclusión: la realidad superaba con creces los mitos legendarios y las íntimas fantasías.
Colas interminables en el aeropuerto y controles sin fin fue lo más desagradable del viaje.Incluso, uno siente miedo porque si te detienen, uno no tiene armas, incluso la del lenguaje, para blandirlas ante esa policía mastuerza y desagradable.
... Y, por fin... el frío aterrador de Manhattan, la "isla de las colinas", el "territorio comanche"de mi admirado Woody Allen. Mis primeros días en la isla estuvieron marcados por una recurrente y vespertina dislocación del cuello con desazón en las vértebras cervicales, debido a las horas diarias que me pasaba mirando hacia arriba y con una búsqueda de la acera que contuviera mejor ese ventisquero que te hacía crujir los huesos del frío.No es posible hacerse una idea, hasta que no has visitado New York, de lo que supone pasear entre calles tabicadas por encumbradas edificaciones, elegantes rascacielos que parecen desafiar a todos los principios físicos y arquitectónicos. No hace mucho leí en una revista especializada que hablamos de la segunda ciudad del mundo, por detrás de Hong Kong, en número total de rascacielos, es decir, torres que superan los 300 metros de altura. Más de 5800 alminares suma la capital norteamericana, frente a la urbe china, que cuenta con una cifra superior a los 7600. Pero mi rascacielos favorito es, sin lugar a dudas, la Chrysler Tower, como también lo es para el 90% de los neoyorquinos, según encuestas. Decía la escritora estadounidense, de origen ruso, Ayn Rand que "la línea del horizonte de New Yok es un monumento al esplendor, al que pirámides o palacios jamás podrán igualar, ni siquiera aproximarse"... Y yo estoy de acuerdo.
Manhattan me enseñó a captar el mundo a través de los puntos cardinales
-aunque un día me equivoqué de cabo a rabo- La Quinta Avenida es como el eje de un ecosistema endogámico que reparte el sol en dos vertientes, y hay que introducirse en el corazón de la vida cotidiana de la isla para certificar las peculiaridades que componen los perfiles que definen a los habitantes de ambos lados de la ciudad, en función de la incidencia del astro solar sobre ellos. Los vecinos del Upper East son blancos y ricos, conservadores e incluso pijos en su generalidad, escaparates viandantes de esa pátina invisible característica de la gente guapa y con posibles. Basta con pasear una tarde por Lexington, Madison o Park Avenue para comprobarlo. Y no digamos si se nos ocurre franquear la entrada de cualquiera de las tiendas de firma del East Side, catedrales de la moda en las que los dependientes saludan con una reverencia y hay tan pocos clientes en su interior, que es imposible pasar desapercibido y curiosear a tus anchas. Sin embargo, el Upper West, que ocupa la mitad oeste de la isla, es populosa, bulliciosa, menos cool y más hipster, cosmopolita y variopinta, demócrata y progresista, con una población de color numerosa y un cóctel social y económico de nutridos y heterogéneos ingredientes, que atesora el alma idiosincrásica de la ciudad.
Qué decir de su catálogo de museos y galerías, de su oferta gastronómica, de sus bibliotecas y librerías, del clasicismo del Lincold Center o la contemporaneidad de los musicales de Broadway, de sus taxis amarillos y sus cronométricos semáforos, de la Grand Central Station y su subway de celuloide, de su Departamento de policía o sus brigadas de bomberos, de sus músicos de Harlem y sus legendarias basket stars del Bronx, de la sobrecogedora Ground Zero o de la Freedom Statue y sus remembranzas migratorias... New York es un colage hiperactivo, donde su ritmo endiablado no deja que nada se pare.
Y, para terminar, aunque apenas he comenzado, no me puedo sustraer a la tentación de hacer una mención expresa al emblemático Central Park, oasis de increíble belleza natural y prodigio del paisajismo de vanguardia, que duplica a Mónaco en tamaño y multiplica por ocho a la Ciudad del Vaticano. El "patio" de todos los neoyorquinos; ese bosque, común y propio a la vez, donde se come, se practica deporte, las parejas se declaran su amor, se pronuncian discursos y se cometen crímenes, meta de maratones y paradigma de la cultura urbana, donde es impensable la convocatoria de una manifestación sobre su atildado césped y sus primorosos parterres.
Conquistar New York en una visita y con ese frío helador, es poco menos que imposible, sobre todo, porque nosotros seremos los conquistados. Pero yo sé que volveré; en algún momento de mi vida, cuando haya pasado el tiempo y la nebulosa de la memoria no logre refrescar con agilidad las sensaciones de espontaneidad, vanguardia y vitalidad que transmite esta ciudad ruidosa, dinámica y bullebulle como ningún otro lugar de la tierra. Esta isla colonial y salvaje que se especializó en el comercio de pieles cuando, en 1626, Peter Minuit, gobernador de la compañía holandesa de las Indias occidentales les compró Manhattan a los indios autóctonos, por 24 dólares, y la bautizó como Nueva Ámsterdam.
Federico García Lorca, poeta en New York, escribió con una pluma inyectada de melancolía y negativismo:
"La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada..."
Pero yo prefiero la comparación de New York con la Roma del Imperio, alegoría de John Lennon, o la agradable sorpresa de Maddona, cuando declara adorar la manera en que los neoyorquinos abordan a la gente en plena calle, o la admiración inconmensurable de Le Corbusier por esta ciudad de la que pensó "cien veces que era una catástrofe y otras cien, que era una hermosa catástrofe".
¡Qué no se habrá dicho, escrito, cantado, filmado, fotografiado acerca/a/sobre/de New York! Ser original: misión imposible. Pero no resisto la tentación, a través de unas brevísimas pinceladas, de aportar un minigrano de arena como homenaje a esta urbe única que conoce como pocas el brillo envanecido que proporciona la fama y la celebridad universales, pero también el sufrimiento colectivo y la solidaridad planetaria.
Pero esto no es una guía turística; nada más lejos. En mi ánimo alberga el objetivo en exclusiva de compartir con quien se acerque a esta página, una reflexión personal, un rompecabezas de emociones urbanas, de percepciones sensitivas y retazos de continuas sorpresas que han dejado profunda huella en mi alma de viajero.
New York es la capital del mundo, la ciudad que nunca se acaba, la comunidad que jamás duerme, la urbe donde nadie es extranjero, la Babel moderna donde se hablan todas las lenguas, la METRÓPOLIS con mayúsculas....
Aterrizamos en Newark liberty aeropuerto un 9 Noviembre camino del Hotel Herald Square en calle 31 entra la 5ª y la 6ª Avenida, tras una primera imagen de los barrios periféricos inacabables desde el avión y hacer una pasada clamorosa por los márgenes del East River, viendo el skailand de todo Manhattam en una muy fría tarde y en esos minutos mágicos en los que parecen reinar la crisis y el silencio contenido y las siluetas de las torres neoyorquinas adquieren un aura potente, a través de su reflejo en los ríos, un escenario más urbano, colorista y escarpado que nunca., me transportó a las más emblemáticas producciones hollywoodienses, entre las bambalinas patrióticas que se derivan de la exaltación americana previa a las celebraciones de su fiesta nacional. Primera conclusión: la realidad superaba con creces los mitos legendarios y las íntimas fantasías.
Colas interminables en el aeropuerto y controles sin fin fue lo más desagradable del viaje.Incluso, uno siente miedo porque si te detienen, uno no tiene armas, incluso la del lenguaje, para blandirlas ante esa policía mastuerza y desagradable.
... Y, por fin... el frío aterrador de Manhattan, la "isla de las colinas", el "territorio comanche"de mi admirado Woody Allen. Mis primeros días en la isla estuvieron marcados por una recurrente y vespertina dislocación del cuello con desazón en las vértebras cervicales, debido a las horas diarias que me pasaba mirando hacia arriba y con una búsqueda de la acera que contuviera mejor ese ventisquero que te hacía crujir los huesos del frío.No es posible hacerse una idea, hasta que no has visitado New York, de lo que supone pasear entre calles tabicadas por encumbradas edificaciones, elegantes rascacielos que parecen desafiar a todos los principios físicos y arquitectónicos. No hace mucho leí en una revista especializada que hablamos de la segunda ciudad del mundo, por detrás de Hong Kong, en número total de rascacielos, es decir, torres que superan los 300 metros de altura. Más de 5800 alminares suma la capital norteamericana, frente a la urbe china, que cuenta con una cifra superior a los 7600. Pero mi rascacielos favorito es, sin lugar a dudas, la Chrysler Tower, como también lo es para el 90% de los neoyorquinos, según encuestas. Decía la escritora estadounidense, de origen ruso, Ayn Rand que "la línea del horizonte de New Yok es un monumento al esplendor, al que pirámides o palacios jamás podrán igualar, ni siquiera aproximarse"... Y yo estoy de acuerdo.
Manhattan me enseñó a captar el mundo a través de los puntos cardinales
-aunque un día me equivoqué de cabo a rabo- La Quinta Avenida es como el eje de un ecosistema endogámico que reparte el sol en dos vertientes, y hay que introducirse en el corazón de la vida cotidiana de la isla para certificar las peculiaridades que componen los perfiles que definen a los habitantes de ambos lados de la ciudad, en función de la incidencia del astro solar sobre ellos. Los vecinos del Upper East son blancos y ricos, conservadores e incluso pijos en su generalidad, escaparates viandantes de esa pátina invisible característica de la gente guapa y con posibles. Basta con pasear una tarde por Lexington, Madison o Park Avenue para comprobarlo. Y no digamos si se nos ocurre franquear la entrada de cualquiera de las tiendas de firma del East Side, catedrales de la moda en las que los dependientes saludan con una reverencia y hay tan pocos clientes en su interior, que es imposible pasar desapercibido y curiosear a tus anchas. Sin embargo, el Upper West, que ocupa la mitad oeste de la isla, es populosa, bulliciosa, menos cool y más hipster, cosmopolita y variopinta, demócrata y progresista, con una población de color numerosa y un cóctel social y económico de nutridos y heterogéneos ingredientes, que atesora el alma idiosincrásica de la ciudad.
Qué decir de su catálogo de museos y galerías, de su oferta gastronómica, de sus bibliotecas y librerías, del clasicismo del Lincold Center o la contemporaneidad de los musicales de Broadway, de sus taxis amarillos y sus cronométricos semáforos, de la Grand Central Station y su subway de celuloide, de su Departamento de policía o sus brigadas de bomberos, de sus músicos de Harlem y sus legendarias basket stars del Bronx, de la sobrecogedora Ground Zero o de la Freedom Statue y sus remembranzas migratorias... New York es un colage hiperactivo, donde su ritmo endiablado no deja que nada se pare.
Y, para terminar, aunque apenas he comenzado, no me puedo sustraer a la tentación de hacer una mención expresa al emblemático Central Park, oasis de increíble belleza natural y prodigio del paisajismo de vanguardia, que duplica a Mónaco en tamaño y multiplica por ocho a la Ciudad del Vaticano. El "patio" de todos los neoyorquinos; ese bosque, común y propio a la vez, donde se come, se practica deporte, las parejas se declaran su amor, se pronuncian discursos y se cometen crímenes, meta de maratones y paradigma de la cultura urbana, donde es impensable la convocatoria de una manifestación sobre su atildado césped y sus primorosos parterres.
Conquistar New York en una visita y con ese frío helador, es poco menos que imposible, sobre todo, porque nosotros seremos los conquistados. Pero yo sé que volveré; en algún momento de mi vida, cuando haya pasado el tiempo y la nebulosa de la memoria no logre refrescar con agilidad las sensaciones de espontaneidad, vanguardia y vitalidad que transmite esta ciudad ruidosa, dinámica y bullebulle como ningún otro lugar de la tierra. Esta isla colonial y salvaje que se especializó en el comercio de pieles cuando, en 1626, Peter Minuit, gobernador de la compañía holandesa de las Indias occidentales les compró Manhattan a los indios autóctonos, por 24 dólares, y la bautizó como Nueva Ámsterdam.
Federico García Lorca, poeta en New York, escribió con una pluma inyectada de melancolía y negativismo:
"La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada..."
Pero yo prefiero la comparación de New York con la Roma del Imperio, alegoría de John Lennon, o la agradable sorpresa de Maddona, cuando declara adorar la manera en que los neoyorquinos abordan a la gente en plena calle, o la admiración inconmensurable de Le Corbusier por esta ciudad de la que pensó "cien veces que era una catástrofe y otras cien, que era una hermosa catástrofe".
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